Tengo ganas de ti. Echo de menos como golpeas mi cara con tu brisa, a la cual muchos achacan la locura de tu gente, idiotas ellos (yo). Echo de menos tus cielos apocalípticos en invierno, que deprimen hasta al más optimista. Echo de menos tus días insulsos, casi desesperantes. Echo de menos tus buenas gentes, entre las que predomina una extraña tendencia a la “maldad”. Echo de menos tu llanura, símbolo de tu simpleza. Echo de menos el rojo de tu tierra, que denota tu carácter infernal.
Te echo de menos sí, pero en el fondo tú sabes que te odio. Es esta una relación amor-odio, que lejos de ti, al amparo de otra que no eres tú, hace que te eche de menos y piense en que tu Mancha mía tampoco eres perfecta, como las demás.